martes, 20 de diciembre de 2016

Plantacion y cultivo de los Ajos

     Ya en la Antigua Grecia, Hipócrates, físico y padre de la medicina, solía recetar ajo para tratar diversas enfermedades. Hoy en día, la ciencia moderna ha corroborado muchos de los beneficios de este “superalimento”.


     Con las lluvias que estamos teniendo estos días, se hace difícil la plantación de ajos y, ya comienza a apremiar la realización de la misma, tanto en fecha como en luna.
 
     Pero salvando estas pequeñas dificultades, y centrándonos en la plantación de los mismos, he de comentar que los ajos en el huerto son un cultivo de invierno sencillo, poco exigente y que ocupa poco espacio de terreno. Cultivar nuestros propios ajos en el huerto de forma ecológica nos permitirá tener nuestra propia reserva de tan usado condimento, evitando tener que comprar ajos introducidos en cámaras frigoríficas y que han sido tratados con fungicidas e incluso irradiados para evitar su germinación.
  

     Para saber cuándo y cómo plantar los Ajos en nuestro huerto, lo primero que debemos concretar es de qué grupo de Ajos estamos hablando, ya que básicamente hay de dos tipos: Ajos blancos y Ajos morados.
 
     Por otra parte, una matización. Es habitual referirse popularmente al concepto de sembrar Ajos, cuando en realidad no son semillas los que sembramos, sino sus bulbillos llamados dientes. Por lo tanto, debemos hablar de cuándo y cómo plantar los Ajos.
 
     En España, el grupo de variedades de Ajos blancos se plantan durante el otoño, mientras que las variedades de ajos morados se plantan en primavera.
 
     El ajo blanco, plantado durante los meses de octubre y noviembre, se recolecta durante el mes de junio. Son Ajos que no se conservan muy bien durante el invierno.
  

     Los morados, se plantan a partir de marzo y se recolectan un mes más tarde: en julio. Estos Ajos, aunque son un poco más pequeños, se conservan mucho mejor durante el periodo invernal.
  
     El ajo necesita de mucho sol, prefieren los climas templados y cálidos, pero soporta bien el frío. Le gustan las exposiciones soleadas, es una especie rústica por lo que también se puede sembrar en climas fríos y húmedos, pero puede tolerar la sombra parcial, siempre y cuando no sea por mucho tiempo durante el día o la temporada de crecimiento. El suelo debe estar bien cavado y esponjoso.
 
     Debemos de asegurarnos de que el suelo tenga un buen drenaje. Al ajo le gustan los suelos ligeros (arenosos), ya que los bulbos se forman peor en los terrenos arcillosos, pudiendo llegar a pudrirse por un exceso de humedad.
 
     Nos aseguraremos de incorporar suficiente compost a la tierra para proveerla de nutrientes antes de plantar el ajo.
 
     Elegiremos bulbos de ajo fresco, con grandes dientes evitando el ajo que se ha vuelto blando o está dañado.
     De cada diente brotará una planta de ajo, esto lo deberemos de tener en cuenta a la hora de calcular las cabezas de ajo a comprar, para realizar nuestra plantación.

     Para su plantación en el huerto y tras preparar correctamente el terreno, se confeccionarán unos surcos separados unos 30 centímetros, unos de otros. Cada golpe de plantación de diente de ajo debe de tener una separación de 15 centímetros. Y se introducen en el terreno de 3 a 5 centímetros, quedando totalmente cubiertos de tierra. 

     Conviene realizar la siembra en luna menguante, siguiendo el calendario biodinámico, en luna decreciente y en días de raíz.


     Los ajos recién plantados deben mantenerse húmedos para ayudar a que las raíces se desarrollen. Procuraremos no excedernos en el agua, ya que el ajo no crece bien, o incluso puede llegar a pudrirse, evitando en todo momento el encharcamiento.
 
     Regaremos únicamente si la primavera es muy seca, en mayo-junio y dejar de regar 15-20 días antes de ser cosechados.
 
     A medida que la temperatura va en aumento deberemos ir reduciendo el riego puesto que el ajo necesita de unas temperaturas calurosas y secas para que los bulbos puedan madurar.
 
     Los bulbos de ajo están listos para ser recolectados cuando se pueden apreciar los dientes individuales en el bulbo y las hojas se vuelven amarillas o marrones.
 

 
     A la hora de la extracción de los bulbos de la tierra deberemos de tener especial cuidado de no dañarlo puesto que es muy fácil provocarles magulladuras que afearán el bulbo.
 
     Seguidamente procederemos a lavarlos dejándolos secar posteriormente en un lugar bien ventilado o en la propia tierra al sol durante unos días si no hay días de lluvia. El ajo puede quemarse con el sol, así que procuraremos no dejarlos al sol por mucho tiempo.


     Para su almacenamiento las hojas secas pueden trenzarse, en forma de “ristra” y de esta manera se pueden colgar en tu despensa o cocina. Esto es decorativo y útil.
 
     A continuación, relaciono una lista con 10 beneficios del ajo confirmados científicamente y que, probablemente, desconocemos o no habíamos prestado atención.
  • El ajo contiene un compuesto llamado alicina, el cual tiene potentes propiedades medicinales.
  • El ajo posee un alto valor nutritivo, pero contiene muy pocas calorías. 
  • El ajo contiene antioxidantes que pueden ayudar a prevenir el Alzheimer y la demencia. 
  • El ajo mejora los niveles de colesterol, lo que puede disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas. 
  • Los compuestos activos del ajo pueden reducir la presión sanguínea. 
  • El ajo puede combatir enfermedades, incluido el resfriado común. 
  • Comer ajo puede ayudar a desintoxicar el cuerpo de metales pesados. 
  • El ajo puede mejorar la salud ósea. 
  • Los suplementos de ajo pueden mejorar el rendimiento atlético. 
  • El ajo puede prolongar tu vida.
   
     En definitiva, se ha demostrado que el ajo tiene efectos beneficiosos en las causas comunes de enfermedades crónicas, por lo que tiene sentido afirmar que puede prolongar la vida.
 
     El ajo es un alimento fácil de incluir en tu dieta y tiene un sabor increíblemente delicioso.
 
     El ajo complementa la mayoría de platos sabrosos, en especial las sopas y salsas, y su fuerte sabor también puede añadir gusto a comidas más sosas.
 
     La dosis mínima eficaz para lograr efectos terapéuticos es la ingesta de un diente de ajo con las comidas, 2 o 3 veces al día.
 
     El compuesto activo del ajo, la alicina, solo se forma cuando machacamos o partimos ajo crudo. Si lo cocinas antes de machacarlo, sus beneficios no serán los mismos.
 
     Además, la mejor manera de consumir ajo es crudo, o machacarlo y cortarlo y dejarlo durante un rato antes de añadirlo a la comida.
 
     No obstante, hemos de tener en cuenta que el ajo también tiene algunos inconvenientes, por ejemplo, el mal aliento. Además, también hay personas que son alérgicas a este alimento.
 
     Por lo general si padecemos un trastorno hemorrágico o estamos tomando medicamentos anticoagulantes, deberemos de consultar a nuestro médico antes de aumentar el consumo de ajo.
 
     Concluyendo, durante miles de años, existió la creencia de que el ajo tenía propiedades medicinales. En la actualidad, estas propiedades han sido confirmadas por la ciencia y hoy sabemos que este alimento puede prevenir el Alzheimer, reducir el colesterol y la presión sanguínea y hasta mejorar nuestro  rendimiento físico. En definitiva, el ajo puede prolongar nuestra vida.
 
Frase del día:
" Somos lo que hacemos de forma repetida. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito." Aristóteles (384 a.c. - 322 a.c.) filósofo y científico de la Antigua Grecia.
 

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